A 10 años del Acuerdo de Paz, expertos analizan los desafíos pendientes para Colombia

  • Diez años después del Acuerdo de Paz, el Politécnico Grancolombiano abrió un espacio para escuchar historias de los territorios y reflexionar sobre el país que se quiere construir hacia el futuro.
  • El encuentro mostró cómo los tejidos, dibujos, documentales y relatos pueden mantener viva la memoria, acercar las ciudades a otras realidades del país, ayudando a reconstruir experiencias marcadas por el conflicto.
  • Las conversaciones destacaron el papel de la educación, las universidades y las comunidades en la construcción de paz, aprendiendo a escuchar al otro y dejar de verlo como un enemigo.

De izquierda a derecha: Jaime Wilches, investigador de la Universidad Politécnico Grancolombiano; Gladys Acevedo, líder de Caminemos Juntos por las Historias Olvidadas; y Ofir Chaparro, coordinadora del Programa de Administración Pública de la Universidad Politécnico Grancolombiano

De izquierda a derecha Jaime Wilches, investigador de la Universidad Politécnico Grancolombiano; Carlos González, integrante de la Subcomisión Técnica para el Fin del Conflicto; Lorena Erazo, investigadora de la Universidad de La Salle; y Daniel Palma, Investigador de la Escuela Superior de Guerra

Diez años después de la firma del Acuerdo de Paz, el Politécnico Grancolombiano abrió un espacio para escuchar esas historias y reflexionar sobre qué país queremos construir hacia el futuro. Durante el “Encuentro 10 años del Acuerdo de Paz. Reflexiones y prospectivas”, estudiantes, investigadores, representantes institucionales y personas con experiencia directa en los territorios se reunieron para hablar de memoria, educación, reconciliación y construcción de paz.

Hay historias que no caben en los libros o investigaciones para poder expresarse, algunas se cuentan con hilos, dibujos, documentales, bitácoras o charlas que permiten poner en palabras aquello que durante años permaneció en silencio. Así, el evento mostró que acercarse a las memorias de otros colombianos puede ser una forma de sanar, y permite comprender realidades que muchas veces no llegan a las ciudades.

La memoria como arte

Hablar de paz puede comenzar con recordar un lugar que durante años estuvo asociado con el dolor. En el evento se presentaron experiencias de mujeres que han encontrado en los tejidos, las ilustraciones y otros lenguajes artísticos una manera de reconstruir sus relatos y seguir adelante, como se evidencia en “Mujeres Granadinas por la Paz de Colombia: memorias, relatos e ilustraciones” y “Tejer para la paz y la reconciliación: Colombia entre telares”; obras que recopilan de relatos, ilustraciones y memorias vivas que funcionan como un factor sanador para las víctimas del conflicto armado.

Desde 2019, el trabajo con telares se ha convertido en una herramienta para recoger voces, experiencias y mantener viva la memoria. El dibujo también apareció como una herramienta para expresar aquello que a veces no encuentra palabras. Expresiones artísticas que pueden convertirse en una forma de recordar y de contar lo vivido sin quedar atrapados en el dolor, reconocer el pasado y, al mismo tiempo, abrir espacio para imaginar un futuro mejor.

Para Gladys Acevedo, líder del grupo de víctimas del conflicto Caminemos Juntos por las Historias Olvidadas, mantener viva esa memoria resulta fundamental en un país donde muchos no vivieron directamente el conflicto. Su experiencia ha mostrado que llevar estos relatos a través del arte y la cultura toca a personas que nunca han tenido contacto cercano con esas realidades.

Porque las experiencias del conflicto no se viven de la misma manera en una ciudad que en una comunidad rural, y ese acercamiento también plantea un reto para la sociedad. Así mismo, la memoria tiene un componente territorial, pues para quienes viven en las regiones, el territorio es donde viven, cultivan, trabajan y se sostienen a sí mismos. Por eso, cuando se habla de paz, se habla de territorio.

Dejar de ver al otro como enemigo

El evento también llevó la discusión hacia las transformaciones de la violencia y los retos que enfrenta el país para construir condiciones sostenibles de paz. La conversación permitió analizar cómo la violencia se ha transformado a lo largo de 10 años, así como también la importancia de fortalecer el trabajo desde los territorios.

La discusión también puso sobre la mesa la necesidad de que las políticas públicas tengan continuidad y permitan que las comunidades desarrollen capacidades sostenibles, en lugar de limitarse a respuestas temporales. El desafío pasa por escuchar a las regiones y reconocer que muchas de las soluciones requieren la participación de quienes conocen directamente sus necesidades.

Para Daniel Palma, investigador de la Escuela Superior de Guerra, uno de los retos de la construcción de paz está relacionado con la manera en que los colombianos se relacionan con quienes piensan o viven de manera diferente. La transformación empieza cuando el otro deja de ser visto como un enemigo, afirmando que “sí se puede sentar a negociar con un delincuente político”.

Una tarea para quienes hoy están aprendiendo

El encuentro también dejó una reflexión sobre el papel de las universidades, pues la construcción de paz necesita espacios permanentes de investigación, diálogo y formación que permitan que las nuevas generaciones comprendan lo ocurrido y puedan participar en la construcción del país en el que viven.

Quienes hoy están en las aulas tenían alrededor de ocho o doce años cuando se firmó el Acuerdo de Paz. Para ellos, buena parte de esta historia pertenece a la memoria reciente del país, pero no necesariamente a una experiencia vivida. Por eso, la memoria histórica no puede darse por sentada, necesita ser recordada, investigada, discutida y comprendida desde diferentes voces.

La Comisión de la Verdad ha destacado precisamente la importancia de reconocer las experiencias de niños y jóvenes afectados por el conflicto y su papel como actores fundamentales en la construcción de país, convivencia y paz; así como también ha señalado que la memoria, la escucha y el reconocimiento son elementos vinculados con la convivencia y la no repetición.

El evento dejó además una conclusión que atraviesa todas las conversaciones: la paz no puede ser tarea de una sola institución, una sola región o una sola generación, requiere del trabajo conjunto de universidades, comunidades, instituciones, docentes, estudiantes y ciudadanos.

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