
Adaptada y dirigida por Victoria Hernández, el grupo La Puerta Abierta llega a la sala Centro del Teatro Libre a partir del 10 de julio con “La ópera de los tres centavos” de Bertolt Brecht, la primera obra importante fruto de su colaboración con Kurt Weill, fue escrita y estrenada en 1928.
Funciones: viernes y sábados 8:00 p.m. domingos 4:00 p.m.
La ópera de los tres centavos (1928) de Bertolt Brecht y Kurt Weill es una sátira mordaz contra el capitalismo, ambientada en un Londres victoriano ficticio, que combina música popular, crítica social y el estilo del teatro épico. Esta obra presenta un mundo donde el crimen y la explotación son parte del orden social.
Brecht y Weill muestran que la frontera entre delincuentes y autoridades es difusa: ambos buscan enriquecerse a costa de los demás. La obra no ofrece una moraleja, sino una invitación a cuestionar la escala de valores de la sociedad.
Con personajes coloridos y canciones que alternan entre lo festivo y lo sombrío, la pieza revela cómo la miseria convive con el desenfreno y la sensualidad, y cómo la cultura del dinero convierte al depredador en modelo de éxito.

Sobre la adaptación
En una Bogotá agitada por la inminente visita papal, el legendario criminal Macky Navaja se casa en secreto con Polly Peachum, hija del hombre que controla el negocio de la mendicidad. Lo que sigue es un duelo feroz de poder, ambición y supervivencia, entre un hombre dispuesto a todo por controlar el destino de su hija, un delincuente acorralado por la ley, y una joven que descubre en sí misma la astucia suficiente para gobernar su propia vida.
Con música en vivo, mucho baile y excesos delirantes, la obra nos revela una sociedad en la que la lealtad no existe y la corrupción es una forma de vida.
En palabras de su directora… La ópera de los tres centavos, un clásico de Brecht llega bajo mi mirada, que respeta la estructura de lo que considero una sátira mordaz: una radiografía despiadada de una sociedad que ha puesto como valor supremo el dinero.
En este acercamiento a nuestro tiempo, en el marco de una visita papal al país, unos individuos sin opinión ni pensamiento propio son dominados por otros que aprovechan la inercia en la que están atrapados. Vivimos en una sociedad mortalmente enferma de ausencia de principios y de pensamiento colectivo. El individuo busca ganar él, sobresalir él, trepar él y, sobre todo, ponerse por encima del otro.
La lealtad se ha convertido en un valor ético flexible, mientras el descaro y el cinismo se apoderan del día a día, normalizando y aplaudiendo la cultura del vivo, del explotador, del ladrón y del asesino; del que no respeta los derechos del otro, del depredador que se convierte en modelo de éxito, en ejemplo a seguir, en un estatus que alcanzar.
Unos personajes coloridos y encantadores, que seguramente el público amará, buscan —como lo hacía Brecht— no dejar una moraleja, sino una comprensión de por qué el mundo es como es. Y quizás, a partir de esa comprensión, llevarnos a cuestionar nuestra propia escala de valores.
Es una invitación a vivir el desenfreno y la sensualidad que habitan junto a la miseria, en una sociedad que se hunde. Afirma Victoria Hernández.
